Quiero decir: si mi esposa y mi hija decidieran irse a vivir a Argentina ahora mismo, yo me divorciaría y me quedaría acá por lo menos hasta la final de la Champions.
No busca con astucia el tiro libre directo ni el penal.
Y cuando ya no quede nadie por hablar, me pondré de pie y diré despacio: yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro.Y entonces lo recordé: eran los ojos de Totín cuando perdía la razón por la esponja.En los inicios del fútbol los humanos también eran así.Los perros quieren llevarse siempre la esponja a la cucha, aunque estén muertos de sueño o los estén matando las descuentos videojuegos carrefour garrapatas.Iban detrás de la pelota y nada más: no existían las tarjetas de colores, ni la posición adelantada, ni la suspensión después de cinco amarillas, ni los goles de visitante valían doble.Una y otra vez.Fingió realmente Pedro la falta dentro del área?Y entonces un día aparece un chico enfermo.Quería esa esponja más que nada en el mundo, moría por llevarse ese rectángulo amarillo a la cucha.



Los perros no fingen zancadillas cuando ven venir un Citroën, no se quejan con el árbitro cuando se les escapa un gato por la medianera, no buscan que le saquen doble amarilla al sodero.
Disfruto esta doble fortuna.
Com, hazme LA pregunta QUE quieras: /RubenBorjaM.Todo empezó esta mañana: estoy mirando sin parar goles de Messi en, lo hago con culpa porque estoy en mitad del cierre de la revista número seis.Bate records de otras épocas porque solo hasta los años cincuenta jugaron al fútbol los hombres perro.Si lo dejaran, no haría otra cosa.Sonaba el timbre y no parecía oírlo.



Dejarán jugar a Pancho acogiéndose a la cláusula 208 que indica que Ernesto está jugando el Sub-17?
Se lo ve como en trance, hipnotizado; solamente desea la pelota dentro del arco contrario, no le importa el deporte ni el resultado ni la legislación.

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